21 oct 2016

Ya no sé quién soy


Ya no sé quién soy, he perdido la identidad y el camino que solía seguir. He dejado todo atrás por cambiar de aires, y resulta que hoy están contaminados y llenos de tráfico. Se dice que uno tiene un problema o enfermedad hablar de el es sanar el 25% y por eso estoy aquí, donde nadie me lee.

Si la visión de mi vida eran berrinches, rebeldía, conmiseración, caprichos en inmadurez, hoy he dado más pasos adelante de lo que habría imaginado. Se que el entrar a la cocina no es una esclavitud de por vida en dónde nunca terminas de lavar trastes y seguir cocinando el platillo del día.

Y la gente me ve extraño o yo la veo extraña. Se que no he llegado hasta aquí por casualidad sino por que Dios quiere mostrarme un umbral de luz al final de la vida.

Escribo cuando siento la necesidad de hacerlo, y deje de hacer por mucho tiempo. Esto sana mi interior y me hace reflexionar sobre los pasos correctos que he dar hacia adelante, hacia un futuro no tan incierto. Me desespero, busco respuestas, apoyo incondicional, y sobre todo alguien que escuche lo que tenga que decir, aunque a veces solo mi pobre gata. Ella ha vivido sus años gatunos a mi lado y hemos logrado un acercamiento mayor en los últimos años.

Si, la vida no debe de ser compleja, a veces pienso que por que pienso, o por que dejo de hacer cosas o decir cosas. Otras veces la rutina me agobia y en lugar de permanecer inmune ante la problemática diaria, me doy cuenta que pierdo el rumbo. Ese rumbo que te lleva por esos senderos de caminos transitables y sin miedos, llenos de prosperidad y sobre todo paz.

Solo sé que he llegado hasta aquí con mucho sacrificio y la verdad he llorado tanto que ya hay un río torrente de lamentos y quejas, tristezas, soledades...

Es incomprensible mi realidad ante la de otros cercanos a mi. No sé muchas veces a donde ir, con quien hablar y sobre todo vuelvo al sitio donde inicie. No me es preciso decir mis motivos a ser como soy, lo que sí se es que he llegado aquí con las alas rotas, cual palomo herido. Soy más consciente de mi, y la verdad es que yo ya no se que hacer sin Dios.

Y porqué cito a Dios, por que el ha sido el único que sostiene mis pasos cuando piso el fango, aquel que ilumina mi sendero en la oscuridad más profunda de las noches de incertidumbre. Y yo solo soy una mortal sin razón ni causa para algunos. Y he llegado a la problemática de no saber quien soy yo. Voy por un rumbo iluminado y enfrento batallas que me desmoralizan, y llevan mi ánimo de un lado a otro, la misma enfermedad emocional hace que mis ideas choquen, y desgasten mis neuronas.

Lamentablemente lo que para unos es justo, para otros es una falacia!